¿IAhora qué nos queda si dejamos que la IA “haga” todo por nosotros?

¿IAhora qué nos queda si dejamos que la IA “haga” todo por nosotros? Juan David Grisales Business Development Analyst “I want AI to do my laundry and dishes so that I can do art and writing, not for AI to do my art and writing so that I can do my laundry and dishes” —Joanna Maciejewska (s.f.)— Desde el invento de la rueda, hasta el uso de IA, los seres humanos hemos utilizado la tecnología para hacer nuestros oficios más rápido y de mejor forma. Sin embargo, por primera vez en la historia desarrollamos una tecnología que es capaz no solo de hacer nuestras tareas, sino de pensar por nosotros. Esto sin lugar a duda genera una disrupción en el cómo contemplamos su uso y abre un nuevo horizonte respecto a nuestro papel como seres humanos en el desarrollo de IA. Ahora bien, algo que pareciera lógico pensar dentro del proceso de creación y uso de la IA es el para qué se hace, pero quizá que no es del todo claro. Bien menciona Joanna Maciejewska (s.f.) que la IA debería estar hecha para hacer su lavado de ropa y platos para que ella pueda dedicarse a hacer arte y escritura, no al revés. He ahí el problema y el cuestionamiento de que la aplicabilidad de la IA debería adaptarse a potenciar el ser humano sin reducir nuestra esencia metafísica; pensar, compartir en entornos presenciales, sentir en ambientes físicos, tocarnos, hablarnos, entre muchas otras cosas básicas que, debido a la industria 4.0, hemos empezado a dejar de lado. Y… ¿ahora qué? ¿Qué nos queda como seres humanos si dejamos que la IA “haga” todo por nosotros? ¿Qué va a pasar si abandonamos los espacios presenciales por los virtuales? ¿A dónde queremos ir como humanidad? Bueno, probablemente haya tantas respuestas como personas y motores de IA generativa en el mundo. No obstante, mi respuesta es que, como ser humano y parte de una empresa de IA y desarrollo de software, mi papel radica en aportar a la humanización de los desarrollos en los que participe, promoviendo siempre las relaciones que tenemos en diferentes momentos. Hacer cosas como dejar el celular para compartir un almuerzo con compañeros, esforzarse para crear algo propio, desarrollar ideas, pensar, reflexionar, disfrutar de las cosas pequeñas de la vida hacen parte de mi respuesta al para qué la IA. Sin embargo, no hay una sola respuesta correcta y tampoco se trata de “satanizar” su uso. Esta columna es una sencilla invitación a que la usemos para que, como seres humanos, enfoquemos el uso de la tecnología en darnos más tiempo para “ser” en su sentido más amplio; porque así queramos o no, todos nos deberíamos preguntar de vez en cuando ¿IAhora qué? 14 de marzo de 2025 Post Recientes La calidad de la información: El activo clave para potenciar la Inteligencia Artificial Saber más El bienestar laboral: Clave para la productividad y la innovación Saber más La calidad de la información: El activo clave para potenciar la Inteligencia Artificial Saber más El bienestar laboral: Clave para la productividad y la innovación Saber más Comparte este artículo:
La Inteligencia Artificial y su impacto en nuestra vida diaria

La Inteligencia Artificial y su impacto en la tecnología en Colombia Juliana Londoño Innovation and Business Development Intern La Inteligencia Artificial (IA) ya no es algo que solo encontramos en películas de ciencia ficción. Hoy en día, está en todas partes: desde nuestros teléfonos hasta el contenido que consumimos, pasando por el diagnóstico médico y la forma en que compramos en línea. Desde sus primeras aplicaciones en los años 50 hasta la revolución que estamos viviendo con ChatGPT, DALL-E y otros modelos generativos, la IA ha evolucionado a una velocidad impresionante. Esto ha generado tanto entusiasmo, como preocupaciones sobre su impacto en el trabajo, la creatividad y nuestra autonomía. El boom de la Inteligencia Artificial: ¿Qué es? El término “Inteligencia Artificial” se acuñó en 1956, pero no fue hasta las últimas décadas que su desarrollo se aceleró debido al aumento en la capacidad de procesamiento y la disponibilidad masiva de datos. Desde entonces, la IA ha pasado de ser un concepto experimental a una tecnología integrada en nuestra vida cotidiana. Los primeros estudios sobre inteligencia artificial en la década de 1950 exploraron conceptos como la resolución de problemas y los métodos simbólicos. Durante los años 60, el Departamento de Defensa de EE. UU. comenzó a invertir en la IA, desarrollando sistemas capaces de imitar inferencias humanas básicas. Posteriormente, en los años 80, surgieron las redes neuronales, que mejoraron la capacidad de aprendizaje automático de las computadoras. No obstante, el verdadero auge de la IA se produjo en la última década gracias a los avances en el aprendizaje profundo y la mayor disponibilidad de datos (Béjar, 1990; Calleja & Calleja, 1994). En 2024, la IA explotó en popularidad con herramientas como ChatGPT y Midjourney, que demostraron una capacidad increíble para generar textos, imágenes y más. ChatGPT, por ejemplo, alcanzó los 100 millones de usuarios en solo dos meses, un récord histórico. Pero no todo ha sido perfecto: estas tecnologías también han mostrado fallos, como respuestas inexactas o poco coherentes, lo que nos hace preguntarnos hasta qué punto podemos confiar en ellas. A pesar de los desafíos, el impacto de la IA sigue en expansión, y cada vez más sectores la adoptan para mejorar sus procesos. IA en nuestro día a día Aunque no lo notemos, la IA ya está integrada en muchos aspectos de nuestra rutina. Los asistentes virtuales como Siri, Alexa y Google Assistant nos ayudan con recordatorios, respuestas rápidas y hasta con el control del hogar inteligente. En la medicina, la IA está revolucionando el diagnóstico y tratamiento de enfermedades, permitiendo detectar problemas de salud con mayor precisión y diseñar terapias personalizadas. En las redes sociales y el consumo digital, los algoritmos deciden qué publicaciones vemos y qué anuncios nos aparecen, lo que genera debates sobre privacidad y manipulación de la información. En el transporte, la IA mejora la movilidad con aplicaciones de mapas, vehículos autónomos y sistemas de tráfico inteligentes. En el comercio y el entretenimiento, plataformas como Amazon, Netflix y Spotify usan IA para personalizar nuestras compras y recomendaciones de contenido. La educación tampoco se queda atrás: herramientas basadas en IA están ayudando a los estudiantes a aprender a su propio ritmo con programas adaptativos. La seguridad informática ha mejorado con sistemas de detección de fraudes y ciberataques que protegen la información personal y empresarial. En la industria, la automatización mediante IA está optimizando los procesos de producción, reduciendo costos y aumentando la eficiencia. Incluso en la comunicación cotidiana, la IA está presente en los filtros de correo electrónico, traducciones automáticas y chatbots de atención al cliente. Los sistemas de reconocimiento facial facilitan el acceso seguro a dispositivos y espacios restringidos. La IA también está transformando la creatividad, con herramientas que asisten a escritores, diseñadores y músicos en la generación de contenido original. Los pros y contras de la IA No hay duda de que la IA ha traído muchos beneficios. Entre sus principales ventajas se encuentran: Automatización de tareas repetitivas: Permite que las personas se enfoquen en trabajos más creativos o estratégicos. Mayor precisión y reducción de errores: Fundamental en áreas como la medicina y la manufactura. Optimización de la toma de decisiones: Gracias al análisis de grandes cantidades de datos en tiempo real. Personalización extrema: Adaptando servicios y productos a las necesidades individuales de cada usuario. Mayor accesibilidad: Herramientas de IA están ayudando a personas con discapacidades, mejorando su calidad de vida. Sin embargo, junto con estos beneficios, la IA también presenta desafíos significativos: Privacidad y seguridad: La recopilación masiva de datos genera preocupaciones sobre quién tiene acceso a nuestra información y cómo se usa. Desplazamiento laboral: La automatización amenaza con reemplazar ciertos empleos, obligando a la adaptación de la fuerza laboral a nuevas habilidades. Sesgo algorítmico: Si la IA se entrena con datos sesgados, sus decisiones pueden reforzar desigualdades existentes. Dependencia tecnológica: Un uso excesivo de la IA podría llevar a la pérdida de habilidades humanas esenciales y a la homogeneización del pensamiento. Dilemas éticos: Su implementación en áreas sensibles como la justicia o la vigilancia plantea preocupaciones sobre su imparcialidad y el respeto a los derechos humanos. Uso malintencionado: La IA también puede ser utilizada para actividades fraudulentas, manipulación de información y creación de deepfakes. ¿Hacia dónde vamos? El futuro de la IA promete avances increíbles, pero también plantea preguntas importantes sobre su impacto en la sociedad. Es fundamental que su desarrollo esté acompañado de reglas claras y principios éticos para evitar abusos y garantizar que beneficie a todos. Desde la transparencia en los algoritmos hasta la protección de datos y la creación de regulaciones justas, hay mucho trabajo por hacer. Algunos gobiernos ya están tomando medidas para regular la IA y minimizar sus riesgos. La Unión Europea, por ejemplo, está trabajando en la primera legislación específica para esta tecnología, buscando garantizar un desarrollo responsable. La comunidad científica y tecnológica también está enfocada en crear IA más transparente, justa y explicable, asegurando que sus decisiones sean comprensibles para los humanos. A medida que la IA sigue evolucionando, la gran pregunta no es